La Alhambra
A Alahmar, el varón más insigne de la Casa de NASAR, fundador de la Alhambra. Porque sobrepasaste los límites del Tiempo y del espacio, haciendo palidecer todas las bellezas de la Naturaleza, al crear las maravillas de este Alcázar, para ceñir de gloria y de inmortalidad las divinas sienes de la Ciudad inconfundible y Única, recibe el homenaje conmovido de Granada y con él la admiración y respeto del Mundo, y el llanto de tus hijos desterrados que, aún en las soledades del desierto, a la luz de las estrellas, sueñan con el Paraíso de tus estancias encantadas.
No temas las injurias del Tiempo ni las veleidades de la Fortuna, porque tu ardor desmesurado se eternizó en el portento de estos recintos.
Podrán quedar ni aún las sombras de estos muros, pero su recuerdo será siempre imperecedero, como único refugio posible del ensueño y del Arte.
Y entonces el último ruiseñor que aliente sobre el Mundo fabricará su nido y entonará sus cánticos, como una despedida, entre las ruinas gloriosas de la Alhambra.
F. Villaespesa
Este texto figura en una placa justo al cruzar el umbral de la puerta de entrada a la Alhambra.
Hemos pasado el fin de semana en Granada. Como siempre, un placer para la vista y otro para el estómago: cañita va, tapita viene.
